Quizá no necesitas encontrar tu estilo. Necesitas entender por qué no te funciona el que tienes

Hay una frase que escucho muchísimo: “No sé cuál es mi estilo”.

Y muchas veces, cuando empezamos a hablar, descubro que esa mujer sí sabe lo que le gusta. Tiene colores que prefiere, prendas con las que se siente cómoda, referencias que le llaman la atención e incluso looks que guarda porque le encantan.

Entonces, ¿realmente no tiene estilo?

Quizá el problema no sea ese.

Quizá lo que ocurre es que no sabe cómo convertir todo lo que le gusta en una forma de vestir que funcione para ella.

Porque una cosa es identificar una prenda que te gusta y otra muy distinta saber si esa prenda encaja contigo, con tu cuerpo, con tu vida, con el resto de tu armario y con la imagen que quieres proyectar.

Y ahí es donde muchas mujeres empiezan a sentirse perdidas.

Compran una camisa porque les encanta. Después compran un pantalón que también les gusta. Añaden unos zapatos que vieron y que parecían perfectos… pero cuando llega la mañana de ponerse todo junto, vuelven a la misma combinación de siempre.

El problema no era que faltara ropa.

Faltaba criterio para relacionarla.

Por eso creo que hemos puesto demasiado el foco en “encontrar nuestro estilo” como si en algún lugar existiera una respuesta que tenemos que descubrir: clásica, bohemia, sofisticada, casual, romántica, minimalista…

Como si una vez encontrado el nombre correcto, todo fuera a encajar.

Pero tú no eres una etiqueta.

Tu estilo tampoco debería serlo.

Y muchas veces, cuando empezamos a hablar, descubro que esa mujer sí sabe lo que le gusta. Tiene colores que prefiere, prendas con las que se siente cómoda, referencias que le llaman la atención e incluso looks que guarda porque le encantan.

Entonces, ¿realmente no tiene estilo?

Quizá el problema no sea ese.

Quizá lo que ocurre es que no sabe cómo convertir todo lo que le gusta en una forma de vestir que funcione para ella.

Porque una cosa es identificar una prenda que te gusta y otra muy distinta saber si esa prenda encaja contigo, con tu cuerpo, con tu vida, con el resto de tu armario y con la imagen que quieres proyectar.

Y ahí es donde muchas mujeres empiezan a sentirse perdidas.

Compran una camisa porque les encanta. Después compran un pantalón que también les gusta. Añaden unos zapatos que vieron y que parecían perfectos… pero cuando llega la mañana de ponerse todo junto, vuelven a la misma combinación de siempre.

El problema no era que faltara ropa.

Faltaba criterio para relacionarla.

Por eso creo que hemos puesto demasiado el foco en “encontrar nuestro estilo” como si en algún lugar existiera una respuesta que tenemos que descubrir: clásica, bohemia, sofisticada, casual, romántica, minimalista…

Como si una vez encontrado el nombre correcto, todo fuera a encajar.

Pero tú no eres una etiqueta.

Tu estilo tampoco debería serlo.

Tu forma de vestir está relacionada con tus gustos, sí, pero también con tu cuerpo, tu momento vital, tu profesión, tus rutinas, lo que necesitas de tu ropa y la relación que tienes con ella.

Y todo eso cambia.

Puede que hace diez años supieras perfectamente qué ponerte y ahora abras el armario y sientas que nada termina de representarte.

Puede que tu cuerpo haya cambiado.

Puede que tu vida haya cambiado.

Puede que ya no tengas las mismas necesidades, los mismos horarios o las mismas ganas de vestirte como antes.

Y eso no significa que hayas perdido tu estilo.

Significa que necesitas volver a entenderlo.

Porque cuando intentas resolver esa sensación comprando más y más ropa, normalmente acabas acumulando todavía más opciones y teniendo todavía menos claridad.

Y aparece ese círculo tan frustrante:

“Tengo el armario lleno.”

“No sé qué ponerme.”

“Siempre acabo llevando lo mismo.”

“Necesito comprar algo nuevo.”

Y vuelta a empezar.

Por eso, para mí, trabajar la imagen personal no consiste en decirte qué deberías ponerte.

Consiste en ayudarte a entender qué está pasando.

Qué prendas funcionan realmente para ti. Cuáles compras por impulso. Qué repites porque te resulta fácil. Qué evitas y por qué. Qué parte de tu armario pertenece a una versión anterior de ti. Y, sobre todo, qué necesitas para que vestirte deje de ser una decisión que te consume energía cada mañana.

Porque quizá no necesitas encontrar tu estilo.

Quizá necesitas dejar de buscarlo fuera y empezar a comprender cómo quieres construirlo tú.

Y cuando empiezas a hacerte las preguntas adecuadas, el armario deja de parecer un problema que tienes que resolver y empieza a convertirse en una herramienta que puedes utilizar.

Ahí es donde, para mí, empieza realmente el trabajo con la imagen personal., sí, pero también con tu cuerpo, tu momento vital, tu profesión, tus rutinas, lo que necesitas de tu ropa y la relación que tienes con ella.

Cuando lo entiendes, todo encaja, todo cambia.

Con cariño,

Yohana.

Siguiente
Siguiente

Tu armario no tiene que ser perfecto. Tiene que funcionar para tu vida.